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EPIFANÍA DEL SEÑOR. En la devoción popular se celebra como día de los Reyes Magos. Epifanía significa manifestación, y hoy celebra la Iglesia la manifestación del Señor a todas las gentes, representadas en los Magos, que no pertenecían al pueblo elegido de Israel, pero que, guiados por una estrella, acudieron a Belén donde adoraron al Niño y le ofrecieron sus dones. La solemnidad de la Epifanía se cuenta entre las máximas festividades del año litúrgico, ya que ella celebra, en el Niño nacido de María, la revelación de Aquel que es el Hijo de Dios, Mesías prometido y Luz de las naciones. Según la tradición, los Magos eran tres, Melchor, Gaspar y Baltasar, hombres sabios, entendidos en astrología, venidos de los países de religión pagana del entorno de Israel.- Oración: Señor, tú que en este día revelaste a tu Hijo unigénito a los pueblos gentiles, por medio de una estrella, concede a los que ya te conocemos por la fe poder contemplar un día, cara a cara, la hermosura infinita de tu gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

SAN ANDRÉS CORSINI. Nació en Florencia el 30 de noviembre de 1301, en el seno de una de las familias más insignes. A los 15 años, cambiando el rumbo de su vida, vistió el hábito de los Carmelitas. En la peste que asoló Florencia en 1348 fue heroica su dedicación al cuidado de los apestados. La bula por la que en 1349 era nombrado obispo de Fiésole describía lo que fue realidad en su vida: «el celo por la religión, la cultura y la pureza de la vida y de las costumbres, la habilidad en el gobierno de las almas». Murió en Fiésole el 6 de enero de 1374. Los Carmelitas lo celebran el 9 de enero.

SAN CARLOS DE SEZZE. Nació en Sezze (Roma) en 1613, de padres muy pobres y piadosos. Pronto tuvo que dejar la escuela para guardar ovejas, lo que le sirvió para darse a la oración y la lectura de libritos piadosos. A los 17 años entró en la Provincia franciscana de Roma en la que, superadas las dudas para admitirle, profesó en 1636. Su vida de religioso fue sencilla, residiendo sucesivamente en diversas casas y ejerciendo distintos oficios conventuales. Pero, a la vez, su vida espiritual fue extraordinaria, por el progreso en la vida contemplativa, los carismas que Dios le concedió (visiones, éxtasis, profecías) y los milagros que obró por su medio. Pidió ir a misiones, pero una enfermedad se lo impidió. Durante la peste que asoló Carpineto, asistió a los apestados y cargó sobre sus espaldas a los muertos para darles cristiana sepultura. Aunque lego y sin estudios, fue un escritor fecundo, de una mística muy elevada, que lo sitúa entre los maestros de la misma. Murió en Roma el 6 de enero de 1760.

SAN JUAN DE RIBERA. Nació en Sevilla el año 1533 de familia noble. Estudió en Salamanca y Pío IV, en 1562, lo nombró obispo de Badajoz antes de la edad canónica de treinta años. Su autoridad entre los obispos se mostró en el sínodo de Compostela de 1565. En 1568 San Pío V lo honró con el título de Patriarca de Antioquía y lo nombró arzobispo de Valencia. Sirvió a su grey hasta la muerte mediante la palabra, los escritos y la administración de los sacramentos. Se esforzó por la evangelización de los infieles y la moralización de la sociedad. Destacaron en él las cualidades pastorales, caritativas y sacerdotales en toda la amplitud de la palabra. Celebró varios sínodos y recorrió varias veces la diócesis en visita pastoral. Felipe III lo tuvo en Valencia como Virrey. Admirable fue su devoción hacia el Santísimo Sacramento, y ante él pasaba todos los días varias horas en oración; fundó la iglesia y colegio de Corpus Christi. Murió en Valencia el 6 de enero de 1611. Su memoria se celebra el 14 de enero- Oración: Oh Dios, que hiciste admirable al obispo Juan de Ribera en el celo pastoral y en el amor al divino sacramento del cuerpo y sangre de tu Hijo; te suplicamos que, por su intercesión, nos hagas perennemente participantes del fruto de la redención. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.