10 claves para vivir la fiesta que abre el corazón de Dios al mundo |
Este segundo domingo de Pascua se presenta como una invitación providencial a confiar sin límites en el amor de Cristo. Es una jornada de gracia, perdón y renovación espiritual que nace directamente del Evangelio y de las revelaciones a Santa Faustina Kowalska, recordándonos que Su Misericordia es el único refugio para el alma.
En el corazón del tiempo pascual, cuando la alegría de la Resurrección aún resuena en la vida de la Iglesia, emerge una celebración que invita a ir aún más lejos: el Domingo de la Divina Misericordia. No se trata solo de una fiesta litúrgica, sino de una llamada profunda a redescubrir el amor de Dios como fuente inagotable de perdón y esperanza.
Instituida universalmente por San Juan Pablo II en el año 2000, esta celebración se sitúa en el segundo domingo de Pascua, como culminación de la octava pascual y como recordatorio permanente de que el corazón de Cristo permanece abierto para toda la humanidad |
Una devoción que transforma la historia espiritual reciente
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Una necesidad más urgente que nunca
En un contexto marcado por el sufrimiento, la división y la incertidumbre, el mensaje de la Divina Misericordia adquiere una relevancia especial. No se trata de una devoción aislada, sino de una respuesta concreta a las heridas del mundo. La misericordia no es debilidad, sino la fuerza que puede transformar la historia desde dentro...Seguir Leyendo
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Diez claves para vivir plenamente esta jornada de gracia
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SANTA MAGDALENA DE CANOSA. Nació en Verona de una familia aristocrática en 1774. Muy niña quedó huérfana de padre y fue abandonada por la madre, que la confió a una institutriz y se casó de nuevo con un marqués. A los 17 años entró en el Carmelo de Trento y después en el de Cornegliano. Pero tuvo que salir para asumir la administración financiera de su casa principesca, aunque dominada siempre por el deseo de servir a los pobres. Acogió en su palacio a muchachas pobres. En Venecia entró en la Fraternidad Hospitalaria y se consagró a la educación de las niñas abandonadas, extendiendo además su caridad a todas las obras de misericordia. Generosamente entregada a la vida espiritual, tuvo experiencias místicas. Fundó un doble Instituto, Hijos e Hijas de la Caridad, para la educación de jóvenes. Murió en Verona el 10 de abril de 1835.