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SAN PABLO, primer ermitaño. Tenemos muy pocas noticias seguras de su vida, que se desarrolló entre los siglos III y IV. San Jerónimo escribió su vida. Nació hacia el año 228 en la Baja Tebaida (Egipto), de familia cristiana y acomodada. Pronto quedó huérfano de padre y madre, y heredó una gran fortuna. Cuando arreció la persecución de Decio, que obligaba a rendir culto a los dioses del imperio bajo pena de muerte, Pablo prefirió retirarse al desierto, donde pasó, en solitario, el resto de sus días llevando una vida de austeridad y penitencia, dedicado por completo a la contemplación de las cosas divinas. San Antonio Abad lo visitó en una ocasión. Murió más que centenario. La leyenda y el arte han adornado su vida con episodios extraordinarios.

SAN GREGORIO DE NISA. Es uno de los Padres más importantes de la Iglesia de Oriente. Hermano de san Basilio Magno, nació en Cesarea de Capadocia (hoy Turquía) hacia el año 335. De joven se dedicó al estudio de la filosofía y la retórica, y luego a su enseñanza. Contrajo matrimonio, y más tarde abrazó la vida monástica junto a su hermano y a san Gregorio Nacianceno. Cuando Basilio fue elegido arzobispo de Cesarea, puso a su hermano Gregorio el año 371 como obispo de Nisa. La oposición y acusaciones de los arrianos lo tuvieron desterrado dos años. Su elocuencia y sus conocimientos teológicos le permitieron trabajar en la erradicación de las herejías y en la pacificación y unidad de la Iglesia, campos en los que prestó una valiosa ayuda a las autoridades imperiales católicas. Participó de forma muy notable en el Concilio de Constantinopla de 381. Dejó escritas muchas e importantes obras de teología y espiritualidad. Murió en Nisa el año 395.

SANTA FRANCISCA DE SALES AVIAT (de pila, Leonia). Nació en Sézanne (Francia) en 1844. Viendo el ambiente del mundo industrial, surgió en ella el deseo de atender a las obreras. El P. Brisson había fundado centros para las trabajadoras jóvenes y pensaba fundar una congregación de religiosas; ella compartió su proyecto y en 1868 vistió el hábito religioso, dando así inicio a la congregación de las Oblatas de San Francisco de Sales. Otras jóvenes se le unieron y se multiplicaron los patronatos y casas-familia, donde las jóvenes recibían formación religiosa y educación práctica para afrontar la vida. En París organizó un internado para jóvenes de posición social acomodada, con las que tuvo el mismo éxito que había tenido con las obreras. En 1903, cuando las leyes expropiaron y cerraron casas religiosas, ella y su consejo se refugiaron en Italia y desde allí perfeccionaron la organización de la congregación. Falleció en Perusa (Italia), el 10 de enero de 1914. Juan Pablo II la canonizó en el 2001.