
SANTOS ZACARÍAS e ISABEL. La Iglesia conmemora hoy a estos venerables santos, los padres de san Juan Bautista, el Precursor del Señor. Toda la información que tenemos sobre ellos nos la proporciona el Evangelio según san Lucas en su relato de la infancia de Jesús (Lc 1). En la Anunciación, el ángel Gabriel dijo a María que su pariente Isabel, a quien llamaban estéril, estaba en el sexto mes de su embarazo. La Virgen fue con prontitud a visitarla y, cuando entró en su casa, Isabel sintió que el hijo saltaba de gozo en su seno, y llena del Espíritu Santo exclamó: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre». Como respuesta a tal saludo, María entonó el Magníficat. Zacarías era sacerdote y cuando oficiaba en el Templo de Jerusalén, el ángel le anunció que su mujer le daría un hijo. Él titubeó, y quedó mudo. Cuando Isabel dio a luz y fueron a circuncidar al niño, Zacarías dijo por escrito que se había de llamar Juan. Entonces se le soltó la lengua al padre y llenó de Espíritu Santo profetizó diciendo: «Bendito sea el Señor, Dios de Israel...», el Benedictus, alabando a Dios redentor y anunciando la próxima aparición de Cristo.

HALLAZGO DEL CUERPO DE SANTA CLARA. Santa Clara murió el 11 de agosto de 1253 en el monasterio de San Damián, a las afueras de Asís, y fue enterrada en la iglesia de San Jorge. Construida la Basílica de la Santa en Asís, su cuerpo fue depositado, el 3 de octubre de 1260, en una tumba de piedra colocada profundamente debajo del altar mayor, donde permaneció inaccesible durante casi seis siglos. El hallazgo del cuerpo de san Francisco en 1818, despertó el deseo de sacar también a la luz el cuerpo de santa Clara. En 1850 Pío IX autorizó las pertinentes excavaciones, y el 23 de septiembre de aquel mismo año se abrió solemnemente el sepulcro que contenía los restos de la Santa, que, el 3 de octubre de 1872, fueron depositados en una urna de azófar en la nueva cripta construida para tal efecto. La ubicación actual de los restos de santa Clara es de 1987, después que las santas reliquias fueran sometidas a un tratamiento conservativo adecuado.- Oración: Oh Dios, que infundiste en santa Clara un profundo amor a la pobreza evangélica, concédenos, por su intercesión, que, siguiendo a Cristo en la pobreza de espíritu, merezcamos llegar a contemplarte en tu reino. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

SAN PÍO DE PIETRELCINA . Nació en Pietrelcina (Benevento, Italia) el año 1887, y en 1903 entró en la Orden Capuchina. Ordenado de sacerdote en 1910, fue destinado en 1916 al convento de San Giovanni Rotondo, donde permaneció hasta su muerte, desarrollando una extraordinaria aventura de taumaturgo y de apóstol del confesonario. Desde 1918 llevó en su cuerpo las llagas del Señor y fue objeto de otros dones divinos extraordinarios. Se santificó viviendo a fondo en carne propia el misterio de la cruz de Cristo y cumpliendo en plenitud su vocación de colaborador en la Redención. Centró su vida pastoral en la dirección espiritual de los fieles, la reconciliación sacramental de los penitentes y la celebración de la Eucaristía. Su preocupación por los pobres y los enfermos se materializó en la «Casa Alivio del Sufrimiento». Otra iniciativa suya fueron los grupos de oración, que rápidamente se extendieron por todo el mundo. Murió el 23 de septiembre de 1968 en San Giovanni Rotondo (Apulia). Juan Pablo II lo beatificó en 1999 y lo canonizó en 2002.- Oración: Dios omnipotente y eterno que, con gracia singular concediste al sacerdote san Pío participar en la cruz de tu Hijo y, por medio de su ministerio, has renovado las maravillas de tu misericordia, concédenos, por su intercesión, que unidos constantemente a la pasión de Cristo podamos llegar felizmente a la gloria de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.