Ver 1ª Lectura y Salmo
Texto del Evangelio (Jn 20,19-31): Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros». Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío». Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré».
Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz con vosotros». Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente». Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío». Dícele Jesús: «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído».
Jesús realizó en presencia de los discípulos otras muchas señales que no están escritas en este libro. Éstas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.
«Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados»
SANTA TERESA DE JESÚS DE LOS ANDES. Nació en Santiago de Chile el 13 de julio de 1900, en el seno de una familia acomodada y muy cristiana. Desde su niñez procuró comulgar diariamente y pasar largo rato en diálogo amistoso con Jesús, a la vez que vivía una intensa vida mariana. Profundamente afectiva, se creía incapaz de vivir separada de los suyos. Sin embargo, asumió generosa la prueba de estudiar en régimen de internado, como entrenamiento para la separación definitiva que consumaría el 7 de mayo de 1919, ingresando en las Carmelitas Descalzas de Los Andes. No alcanzó a vivir ni un año entero en el convento, pues murió de tifus el 12 de abril de 1920. Las religiosas aseguraban que había entrado ya santa. Cristo, ese loco de amor, me ha vuelto loca, decía ella. Alcanzó una envidiable madurez integrando en la más armoniosa síntesis lo divino y lo humano: oración, estudios, deberes hogareños... y deporte, al que era aficionadísima. Juan Pablo II la canonizó en 1993.
SAN JOSÉ MOSCATI. Es un modelo de seglar cristiano, médico, catedrático, investigador, un profesional que enseña a ser santos en el trabajo cotidiano. Nació en Benevento (Italia) el año 1880; su padre era magistrado. Se doctoró en medicina en la Universidad de Nápoles y enseguida empezó a ejercerla en el hospital napolitano de los Incurables. Se dedicó, además, a la enseñanza y a la investigación, y participó en muchos congresos científicos. Fue siempre un modelo del médico consciente de sus deberes profesionales y de su misión humana y cristiana ante la persona que sufre. Hombre de profundos sentimientos religiosos, se santificaba en su trabajo y en la vida de piedad y oración que acompañaba el ejercicio de su labor como médico. Se volcó en la atención de sus pacientes día a día, y se multiplicó en circunstancias especiales como la erupción del Vesubio en 1906 o la epidemia de cólera en 1911. Cuidaba los cuerpos y se preocupaba por las almas. Fue generoso y delicado con los pobres. Murió de improviso el 12 de abril de 1927 en Nápoles. Lo canonizó Juan Pablo II en 1987.
SAN ESTANISLAO DE CRACOVIA. Nació en Szczepanowski (Cracovia, Polonia) hacia el año 1030. Hizo sus estudios en París y fue ordenado sacerdote por el obispo de Cracovia, Lamberto, a quien sucedió el año 1071, después de haber ejercido el ministerio como canónigo y predicador. Fue un buen pastor al frente de su diócesis, ayudó a los pobres y oprimidos y cuidó la formación de sus clérigos, a los que visitaba todos los años. Defendió con entereza la libertad de la Iglesia, la civilización y las costumbres cristianas frente a las injusticias de su tiempo. El 11 de abril de 1097, mientras celebraba la eucaristía, fue asesinado por el rey Boleslao, a quien había increpado por su mala conducta. Fue canonizado en Asís el año 1523 por Inocencio IV.- Oración: Señor, tú has otorgado a san Estanislao, tu obispo, la gracia de sucumbir en aras de tu gloria bajo la espada de los perseguidores; concédenos, por su intercesión, perseverar con firmeza en la fe, hasta la muerte. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
SANTA GEMA GALGANI. Nació cerca de Lucca (Italia) el año 1878. Vivió sólo 25 años, pero fueron muy intensos en acontecimientos humanos, fallecimientos de familiares y enfermedades, y en experiencias espirituales. Fue insigne en la contemplación de la Pasión del Señor y en la paciencia con que soportó dolores y adversidades. En su juventud recibió la inspiración de seguir el camino de la cruz de Cristo, y tuvo algunas visiones de su ángel custodio; el tema de la caridad para con los pobres la obsesionó desde niña. Leyó la vida de san Gabriel de la Dolorosa, que se le apareció y la confortó. Siempre tuvo una salud muy frágil y las enfermedades se le amontonaron: osteítis tuberculosa, trastornos de apariencia neurótica, tabes dorsal, meningitis, parálisis, etc. Se multiplicaron sus experiencias místicas y los fenómenos sobrenaturales, no siempre bien interpretados, lo que la hizo sufrir mucho. En 1899 recibió el don místico de la estigmatización. Quiso ser religiosa, pero no pudo. Con todo, el Señor le hizo vivir intensamente su condición de víctima, esposa del Crucificado. Murió en Lucca el 11 de abril de 1903. Su memoria se celebra el 16 de mayo.- Oración: Señor, que hiciste a santa Gema imagen fiel de tu Hijo muerto y resucitado, concédenos por su intercesión que, participando aquí en la tierra de los sufrimientos de Cristo, merezcamos participar también de su gloria en el cielo, para siempre. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
