El camino de penitencia que transforma el corazón en la Cuaresma |
La Cuaresma no es una costumbre; es una sacudida al alma. Millones de fieles en todo el mundo nos detenemos hoy para entrar en un tiempo sagrado de combate espiritual y recogimiento. No buscamos cumplir reglas, sino alcanzar el misterio central de nuestra fe: la Pascua. En este itinerario, el ayuno y la abstinencia no son 'viejas tradiciones', sino armas de conversión interior para un encuentro real y renovado con Dios.
Estas prácticas, profundamente arraigadas en la tradición cristiana, no pueden comprenderse únicamente desde una perspectiva disciplinaria o normativa. Su significado es mucho más profundo: constituyen un acto consciente de amor, humildad y arrepentimiento, mediante el cual el creyente reconoce su fragilidad, su necesidad de la gracia divina y su deseo sincero de cambiar de vida.
La Iglesia propone el ayuno y la abstinencia no como una carga, sino como una oportunidad de transformación espiritual. En un mundo marcado por la inmediatez, el consumo y el individualismo, estas prácticas recuerdan al cristiano que la verdadera plenitud no se encuentra en la satisfacción de los deseos materiales, sino en la comunión con Dios. |
|
Una llamada universal a la penitencia y al arrepentimiento
El ayuno, entendido como la reducción voluntaria de la cantidad de alimentos, y la abstinencia, que consiste principalmente en privarse de comer carne en determinados días —especialmente los viernes de Cuaresma—, tienen su fundamento en la propia condición humana marcada por el pecado y la necesidad permanente de conversión. Las Sagradas Escrituras recuerdan con claridad que todos los hombres están llamados al arrepentimiento.
El apóstol San Juan afirma que negar el pecado es negar la verdad misma, mientras que San Pedro, en su predicación tras Pentecostés, exhorta a los fieles a convertirse para recibir el perdón y comenzar una vida nueva. Esta llamada no pertenece únicamente a una época concreta, sino que constituye una exigencia permanente en la vida...Seguir Leyendo |
La disciplina del cuerpo como camino hacia la libertad del espíritu
l ayuno y la abstinencia representan, además, un ejercicio concreto de dominio propio que ayuda al creyente a ordenar sus deseos y a fortalecer su voluntad. Al renunciar voluntariamente a algo bueno y legítimo, como el alimento, el cristiano aprende a liberarse de la esclavitud de los impulsos desordenados y a crecer en libertad interior.
Esta disciplina no tiene como finalidad el sufrimiento por sí mismo, sino la transformación del corazón. Al experimentar la privación, el creyente toma conciencia de su dependencia radical de Dios, fuente de toda vida y de todo bien. El ayuno se convierte así en una escuela de humildad, en la que el cristiano reconoce que no puede salvarse por sus propias fuerzas, sino únicamente mediante la gracia divina... Seguir Leyendo
|
La conversión del corazón, el verdadero sentido de toda penitencia
No obstante, la Iglesia enseña con claridad que el valor del ayuno y la abstinencia no reside únicamente en el acto exterior, sino en la disposición interior que lo acompaña. El Catecismo de la Iglesia Católica subraya que la llamada de Cristo a la conversión se dirige ante todo al corazón del hombre, a esa dimensión profunda donde se decide el sentido de la vida.
La penitencia auténtica implica una transformación radical de la persona. No se trata solo de modificar conductas externas, sino de reorientar toda la existencia hacia Dios. Es un retorno sincero al amor divino, acompañado del rechazo consciente del pecado y del firme propósito de vivir según el Evangelio... |

No hay comentarios:
Publicar un comentario