
SANTA APOLONIA. Virgen y mártir en Alejandría de Egipto, cuyo martirio conocemos por una carta de san Dionisio obispo de Alejandría, conservada por Eusebio en su Historia eclesiástica. Durante muchos años se consagró por completo al apostolado. En una revuelta que hubo contra los cristianos en tiempo del emperador Felipe, sus casas fueron asaltadas y muchos de ellos masacrados. Apolonia, ya de edad avanzada, fue detenida, y con un martillo le machacaron las mandíbulas y le hicieron saltar los dientes. Luego, encendieron una hoguera y la amenazaron con quemarla viva si no blasfemaba y apostataba. San Dionisio refiere que ella, temiendo no tener las fuerzas necesarias para soportar semejante tormento, se lanzó voluntariamente al fuego. Murió el año 249.

SAN MIGUEL FEBRES CORDERO. Nació el año 1854 en Cuenca (Ecuador). Ingresó en la congregación de los Hermanos de las Escuelas Cristianas en 1868. Desarrolló un largo e intenso apostolado como maestro, escritor y sobre todo catequista; nada le impedía la asiduidad a la oración ni el fomento de su devoción a la Virgen. Publicó muchas obras y tradujo numerosos textos didácticos. En 1892 ingresó en la Academia Ecuatoriana de la Lengua. En 1907 pasó a la casa general en Bélgica, pero pronto, por motivos de salud, se trasladó a Premiá de Mar, cerca de Barcelona (España), donde falleció el 9 de febrero de 1910.

BEATA ANA CATALINA EMMERICK. Monja profesa de la Orden de Canonesas Regulares de San Agustín. Nació en Flamschen (Alemania) el año 1774, de familia modesta. De joven trabajó como empleada de hogar y costurera, y ya se sintió inclinada a la piedad y a la contemplación, en particular de la pasión de Cristo. Superando no pocas dificultades consiguió en 1803 hacer la profesión religiosa. A pesar de su poca salud, fue ejemplar en la observancia y en la práctica de la caridad. El gobierno cerró su convento en 1811, y ella se puso de ama de llaves del sacerdote Lambert en Dülmen. A partir de 1813 la enfermedad la obligó a guardar cama. Tuvo visiones y experiencias místicas extraordinarias, recibió las llagas de la pasión de Cristo, y edificó a cuantos la visitaban, que eran muchos, con sus palabras y su ejemplo. Un médico escribió su diario. Murió en 1824 y fue beatificada por Juan Pablo II el año 2004.
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