Bienvenidos a compartir en el Espíritu de Dios

Hola a todos los que visitáis este blog. ¡Gracias por entrar! ¡DIOS OS BENDIGA!
En este momento empezamos a compartir nuestras vivencias y, también nuestras oraciones.
Rezo por vosotros. Rezad, también por mí. ¡GRACIAS!

¡Jesús es amor sin límites!



¡Dios te ama!¡Él esta vivo en tu corazón!

¡Que Dios os bendiga cada día de este año 2026


MER


¡Alabado sea Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo!
Sólo Jesucristo es el camino, la verdad y la vida. ¡SÓLO JESÚS SALVA! Léelo en la Biblia.


¡Te basta mi gracia!

Reza ante el Santísimo por tu familia, amigos y enemigos...¡Él es el Todopoderoso!



¡Oh Señor, pongo en tus manos la sangre derramada por todos aquellos niños muertos en el vientre de sus madres a manos de los hombres, únela a la sangre de tu hijo Jesús que derramó por todos nosotros para la remisión de todos los pecados del mundo! Acoge, Señor esta oración. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén



Dios me ha creado para conocerle, amarle y servirle, y para ser feliz con Él para siempre en la otra vida. ¡Padre, Ayúdame!¡Padre, Perdóname!

domingo, 29 de marzo de 2026

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BEATO JUAN HAMBLEY. Nació en Cornualles (Inglaterra) el año 1560. Para seguir su vocación sacerdotal, que entonces no tenía cauces en su patria por la persecución anglicana contra los católicos, marchó a estudiar al colegio inglés de Reims (Francia). Ordenado de sacerdote, volvió a Inglaterra, consciente de los riesgos que suponía ejercer allí su sagrado ministerio. En efecto, en el verano de 1586 fue detenido y encarcelado, acusado de traición por el mero hecho de ser sacerdote católico. Cuando lo juzgaron en marzo del año siguiente, Juan se vio envuelto en los razonamientos del juez, en sus promesas y amenazas, y, en un primer momento, prometió adaptarse a las nuevas leyes inglesas en materia de religión. A la mañana siguiente, cuando el juez le pidió que ratificara su promesa, Juan le respondió con firmeza y claridad que se arrepentía profundamente de su actitud anterior y que quería permanecer enteramente fiel a la fe católica y a la Iglesia Romana. En consecuencia, fue ahorcado y descuartizado en Salisbury, durante el reinado de Isabel I, el año 1587, un día de marzo cercano a la Pascua. Tenía 27 años de edad.

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