
SAN MAPALICO Y COMPAÑEROS MÁRTIRES. El emperador Decio, el año 249, para acabar con los cristianos, ordenó que todos participaran en los sacrificios a los dioses del Imperio y que comieran de lo sacrificado, so pena de ser encarcelados y torturados. Lo que él buscaba era conseguir la apostasía, no tanto la muerte. Muchos cristianos apostataron. Mapalico pidió al juez que se dejara en libertad a su madre y a su hermana que habían apostatado. Pero fue detenido y, por negarse a abandonar su fe, lo torturaron con tal crueldad, que murió en medio de los tormentos. A su memoria se une la de otros santos que confesaron igualmente con su martirio la fe en Cristo, a saber: Basio, en una cantera; Fortunio, en la cárcel; Pablo, en el tribunal; Fortunata, Victorino, Víctor, Heremio, Crédula, Hereda, Donato, Firmo, Venusto, Frutos, Julia, Marcial y Aristón, todos ellos en la cárcel a consecuencia del hambre y abandono que padecieron. San Cipriano, en sus escritos, canta su fortaleza y ejemplo. Murieron el año 250 en África.

SAN ELFEGO (o Aelfheah) DE CANTERBURY. Nació en Inglaterra hacia el año 954. Fue monje benedictino en el monasterio de Deerhurst y luego en el Bath. El año 984 fue elegido obispo de Winchester, donde mostró sus cualidades de pastor y la santidad de su vida. En el 1106 pasó a la sede primada de Canterbury, desde la que promovió la disciplina eclesiástica y la vida religiosa en los obispados y monasterios sobre los que tenía autoridad; era querido de todos por su generosidad y humanidad. Durante la invasión danesa de 1011, no quiso huir ni esconderse, sino que permaneció junto a su pueblo. Visto el saqueo y pillaje a que se entregaban los invasores, fue a visitar a su jefe, Thorkil, para pedirle que tuviera compasión de la población. Hecho prisionero y tomado como rehén, el jefe danés pidió por su rescate una cantidad desorbitada. El arzobispo no quiso que se pagase su rescate con las limosnas recogidas de los pobres. Visto que era el propio preso quien no quería que pagaran por él, el jefe mandó que lo apalearan y luego que lo decapitaran. Esto sucedió en Greenwich, en la ribera del río Támesis, el sábado después de Pascua, día 19 de abril del año 1011.

SAN LEÓN IX, papa de 1049 a 1054. Nació en Alsacia el año 1002, y estaba emparentado con los emperadores alemanes Conrado II y Enrique III. Era canónigo y diácono cuando fue nombrado obispo de Toul, oficio en el que se mostró reformador de la Iglesia y defensor de su libertad; fue consejero de sucesivos emperadores. Muerto el papa Dámaso II, el emperador Enrique III lo designó papa, pero él se negó a asumir funciones papales hasta que el clero y el pueblo de Roma lo eligieron. Con él se puso en marcha la reforma de la Iglesia. Celebró un sínodo en Roma, viajó por Europa visitando diócesis y celebrando sínodos, impulsando el espíritu de reforma y revitalizando los estamentos eclesiales, luchando contra la simonía y la vida irregular de sacerdotes. Estuvo un tiempo preso de los normandos. Surgida la polémica con el patriarca de Constantinopla Miguel Cerulario, tras hacer cuanto estaba de su parte para salvar la unidad de la fe y de la disciplina de la Iglesia, le envió una embajada que acabó excomulgándolo el 16 de julio de 1054, fecha de la ruptura entre Oriente y Occidente. El papa murió antes, el 19 de abril de aquel mismo año.
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