
BEATO BIENVENIDO MARERI DE RECANATI. Nació en Recanati, cerca de Loreto (Marcas, Italia), hacia el año 1200, allí vivió, y allí murió el 5 de mayo de 1289. Siendo muy joven vistió el hábito franciscano en el convento de su ciudad, como hermano lego, y desde el principio se aplicó con ardor a la práctica de la humildad y de la penitencia. La Eucaristía fue el objeto preferido de su amor y adoración. Fue un religioso de alta contemplación, al que el Señor, según la tradición, adornó con éxtasis y otros dones místicos extraordinarios. Los superiores le confiaron el oficio de cocinero, al que se aplicó con gran diligencia, sin que le fuera obstáculo para su oración y devoción. Edificaba a todos con su sencillez y su extraordinaria bondad.

BEATO NUNCIO SULPRIZIO. Nació en Pescosansonesco, provincia de Pescara (Italia), el 13 de abril de 1817. Muy pronto quedó huérfano de padre y madre, por lo que lo acogió su abuela materna, que murió cuando el pequeño tenía nueve años. Entonces se hizo cargo de él un tío suyo que lo maltrató y lo explotó en su taller de herrero. Sufrió toda clase de penalidades y en 1831contrajo una grave enfermedad en la pierna, que los médicos diagnosticaron de incurable, por lo que dejó pronto el hospital de L'Aquila. Otro tío suyo lo llevó a Nápoles y allí lo recibió como a un hijo y un ángel enviado por Dios el coronel Wochinger, que lo cuidó con amor y solicitud hasta su muerte. Ingresó en el hospital llamado de los Incurables, y una vez más fue modelo de piedad, paciencia y caridad, preocupándose por la salud de los demás enfermos, prestándoles ánimos y serenidad. Fue un apóstol para todo el personal del centro por su bondad y conformidad con la voluntad de Dios. Estando en el hospital hizo la primera comunión, que le dio una nueva luz y fortaleza. El coronel lo llevó también a un balneario de Ischia y a temporadas lo tuvo en casa, y allí murió el 5 de mayo de 1836.

BEATA CATALINA CITTADINI. Nació en Bérgamo (Italia) el año 1801, en el seno de una familia humilde. A los siete años quedó huérfana de padre y madre y, con una hermana menor que ella, fue acogida en el orfanato de Conventino donde se educó y sacó el título de maestra. Invitada por unos primos suyos sacerdotes, se trasladó a Somasca y se hizo cargo de la escuela municipal. Dio ejemplo a todos por su vida de piedad y de caridad, así como por su competencia y su dedicación a la tarea educativa. En 1840, y con la colaboración de su hermana, abrió una escuela gratuita para niñas pobres, un orfanato y otras instituciones para la formación de la juventud. Algunas de sus alumnas se quedaron con ella para hacerse maestras, y de este núcleo surgió la nueva congregación de Hermanas Ursulinas de Somasca, para la educación y formación de niñas y jóvenes. Ella misma escribió las Constituciones del nuevo instituto, que fueron aprobadas por
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