
CANONIZACIÓN DE SAN ANTONIO DE PADUA. San Antonio murió el 13 de junio de 1231 por la tarde. Los milagros se multiplicaron de inmediato y a principios de julio de aquel mismo año comenzó el proceso de su canonización, uno de los más rápidos de la historia. Cumplidos todos los requisitos canónicos, el papa Gregorio IX canonizó a san Antonio el 30 de mayo de 1232, antes de cumplirse el primer aniversario de su muerte, en la catedral de Espoleto, donde se encontraba entonces la curia papal.- Oración: Dios todopoderoso y eterno, tú que has dado a tu pueblo en la persona de san Antonio de Padua un predicador insigne y un intercesor poderoso, concédenos seguir fielmente los principios de la vida cristiana, para que merezcamos tenerte como protector en todas las adversidades. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

SANTOS BASILIO Y EMELIA. Eran esposos cristianos que habían nacido en la segunda mitad del siglo II y vivían en Cesarea de Capadocia, en la actual Turquía, donde Basilio se dedicaba a la enseñanza de la retórica. De su santidad personal y de sus virtudes como esposos habla el hecho de que tuvieron diez hijos, cuatro de los cuales son venerados en la Iglesia como santos: san Basilio Magno, san Gregorio de Nisa, san Pedro de Sebaste, todos ellos grandes obispos, y santa Macrina, virgen. En tiempo del emperador Galerio Maximino, tuvieron que marchar desterrados a un desierto del Ponto. Terminada aquella persecución contra los cristianos, volvieron a su tierra. Basilio murió el año 349 cuando acaba de nacer su último hijo. Emelia hizo frente a sus obligaciones familiares y, cuando los hijos fueron mayores y estuvieron situados en la vida, ingresó en el monasterio de Amasa, donde estaba ya su hija Macrina, y allí vivió dedicada a la oración y a tareas domésticas hasta que murió hacia el año 370.

SAN FERNANDO. Fernando III, «el Santo», rey de León y de Castilla, hijo de Alfonso IX de León y de Berenguela de Castilla, nació el año 1198 en el reino leonés, probablemente cerca de Valparaíso (Zamora). Tradicionalmente se afirma que perteneció a la Tercera Orden franciscana. Fue el rey de la reconquista del sur de España. Su visión política de altas miras es reconocida por los historiadores, y las gentes de toda clase y condición bendijeron su reinado sabio, ecuánime, prudente. En los territorios reconquistados por él, nunca hubo vencedores y vencidos. Con razón es proclamado «señor de la convivencia de cristianos, musulmanes y judíos». Contrajo dos matrimonios sucesivos, que fueron felices, y de ambos tuvo en conjunto trece hijos. Fue hombre de óptimos sentimientos y limpias costumbres. Además de administrar con sabiduría sus reinos, promovió las artes y las ciencias, y colaboró en la propagación de la fe. Vivió rodeado del respecto y afecto de unos y otros, y su muerte fue llorada por todos. Murió en Sevilla el 30 de mayo de 1252.- Oración: Oh Dios, que elegiste al rey san Fernando como defensor de tu Iglesia en la tierra, escucha las súplicas de tu pueblo que te pide tenerlo como protector en el cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

SAN JOSÉ MARELLO. Nació en Turín (Italia) el año 1844. En 1856 ingresó en el seminario diocesano de Asti, que dejó, pero al que volvió tras una grave enfermedad y un período de reflexión. Ordenado de sacerdote en 1868, fue secretario del obispo de Asti, con el que asistió al concilio Vaticano I. Desarrolló una intensa actividad apostólica: catequesis, dirección espiritual, difusión de la buena prensa. Fundó la congregación de los Oblatos de San José, a los que dejó en herencia su devoción al santo patrono de la Iglesia universal y el mandato especial de fidelidad al Papa. Además, les inculcó la caridad solícita y afectuosa hacia las personas menos afortunadas, y las máximas que les repetía eran: «El ruido no hace bien, el bien no hace ruido»; «habla poco y trabaja mucho»; «estad recogidos en casa y sed apóstoles fuera de ella». Nombrado obispo de Acqui en 1888, en su gobierno conjugó la suavidad y la firmeza, conquistando el afecto del clero y de los fieles. Murió el 30 de mayo de 1895 en Savona (Italia). Juan Pablo II lo canonizó en el 2001.
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