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SANTOS MARCELINO Y PEDRO. Marcelino era sacerdote y Pedro exorcista, y ambos fueron mártires. El papa san Dámaso es quien nos ha dejado las noticias de su muerte que oyó de boca del mismo verdugo. Fueron condenados a muerte en Roma durante la persecución de Diocleciano, a comienzos del siglo IV, seguramente el año 304. Para su ejecución los llevaron a un bosque fuera de la ciudad, a fin de que se desconociera el lugar de su sepultura. Allí los obligaron a cavar con sus manos su propia fosa, en la que los enteraron después de haberlos decapitado. Pero una piadosa matrona romana, llamada Lucilia, consiguió localizar los restos de los mártires, los recogió y los sepultó en el cementerio llamado Ad duas lauros, en la Vía Labicana de Roma donde, después de la paz de Constantino, su madre, santa Elena, hizo construir una basílica.- Oración: Señor, tú has hecho del glorioso testimonio de tus mártires san Marcelino y san Pedro nuestra protección y defensa; concédenos la gracia de seguir sus ejemplos y de vernos continuamente sostenidos por su intercesión. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

SANTOS POTINO, BLANDINA Y COMPAÑEROS, mártires de Lyón. El año 177 se desencadenó en Lyon y sus alrededores una terrible persecución contra los cristianos, de acuerdo con los edictos del emperador Marco Aurelio. Son en total 48 mártires, de distinta clase y condición, los que la Iglesia conmemora en esta fecha, bajo el nombre de «Mártires de Lyón». Los mataron más o menos en la misma fecha, por odio a la fe cristiana, en Lyon mismo o en Vienne. El relato más importante que tenemos de su martirio lo constituye la carta que la Iglesia de Galia envió, poco después de los acontecimientos, a los hermanos de Asia y de Frigia, y que recoge Eusebio de Cesarea en su Historia Ecclesiastica. Potino, obispo ya nonagenario, al poco de ser encarcelado falleció, otros también murieron en la cárcel, y otros fueron expuestos como espectáculo en el anfiteatro, ante miles de personas, donde los que eran ciudadanos romanos fueron decapitados y los demás entregados a las fieras; por último, Blandina, reservada para un combate más cruel y prolongado, después de haber alentado a sus compañeros, los siguió al ser torturada y decapitada. Estos son sus nombres: Potino, Blandina, Zacarías, Vecio Epagato, Macario, Asclibíades, Silvio, Primo, Ulpio, Vital, Commino, Octubre, Filomeno, Gemino, Julia, Albina, Grata, Emilia, Potamia, Pompeya, Rodana, Biblis, Cuarcia, Materna, Helpis, Santos, Maturo, Atalo de Pérgamo, Alejandro de Frigia, Póntico, Isto, Aristeo, Cornelio, Zósimo, Tito, Julio, Zótico, Apolonio, Geminiano, otra Julia, Ausona, otra Emilia, Jamnica, otra Pompeya, Domna, Justa, Trófima y Antonia.

SAN FÉLIX DE NICOSIA. [Murió el 31 de mayo, pero su memoria se celebra el 2 de junio] Nació el año 1715 en Nicosia (Sicilia), en el seno de una familia humilde y muy religiosa. Pronto tuvo que trabajar en el oficio de su difunto padre, que era zapatero, para subvenir a los suyos. Tras recibir varias negativas, consiguió ser admitido en la Orden capuchina. Hecha la profesión, lo enviaron al convento de su pueblo, donde por espacio de más de cuarenta años ejerció el oficio de limosnero, desarrollando un intenso apostolado popular e itinerante, entre gentes de todas las clases. Era analfabeto, pero tenía la ciencia de la caridad y de la humildad. Sus mayores devociones fueron la pasión de Cristo, la Eucaristía y la Virgen de los Dolores. Realizó siempre trabajos humildes y destacó por su obediencia y paciencia, espíritu de sacrificio y amor a los niños y a los pobres y enfermos. Murió el 31 de mayo de 1787 en Nicosia. Lo canonizó Benedicto XVI el año 2005, y su fiesta se celebra el 2 de junio.
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