
SANTA VERÓNICA GIULIANI. Es una de las grandes místicas de la Iglesia. Nacida en Mercatello (Marcas, Italia) el año 1660, fue de niña caprichosa y vivaracha, a la vez que piadosa y de buen corazón. Era la menor de siete hermanas y su madre, que les dio una esmerada educación cristiana, falleció prematuramente. A los 16 años entró en el monasterio de clarisas capuchinas de Città di Castello (Umbría), en el que ejerció todos los cargos domésticos y fue muchos años maestra de novicias y abadesa. Destacó por su vida de oración y alta contemplación, acompañada de fenómenos místicos extraordinarios, incluso físicos, relacionados especialmente con la Pasión de Cristo. En el «Diario» que escribió por orden de sus confesores nos ha dejado un elocuente testimonio de sus experiencias místicas. Murió en su convento el 9 de julio de 1727. La Familia franciscana celebra su memoria el 10 de julio. -Oración: Señor, Dios nuestro, que hiciste admirable por las señales de la pasión de tu Hijo a tu virgen santa Verónica; haz que, por su intercesión y ejemplo, aceptemos humildemente la cruz de Cristo para llegar a la gloria de su resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

SANTOS ANTONIO NGUYEN HÛU (NAM) QUYNH Y PEDRO NGUYEN KHAC TU. Mártires vietnamitas seglares, catequistas, el uno de 72 años y el otro de apenas 30, cuyas vidas habían trascurrido por caminos diferentes pero unidos por la fe, hasta que vinieron a unirse también en el martirio. Murieron estrangulados en Dong Hoi (Vietnam) el 10 de julio de 1840 en tiempo del emperador Minh Mang. Antonio nació en Mi-Huong en 1768 de familia cristiana. Se educó en la escuela de la misión y se enroló en el ejército, con el que participó en la guerra civil y en el que llegó a capitán. Luego se dedicó al comercio y estudió medicina, profesión que ejerció sólo para los pobres y de manera gratuita. Albergaba en su casa a los sacerdotes y lo detuvieron porque un criado lo delató. Fue azotado bárbaramente, pero se mantuvo firme en la fe. Pedro se había criado y educado en la misión dominicana. San Pedro Dumolin, siendo aún simple misionero, lo eligió como compañero suyo y catequista, tareas en las que continuó cuando el P. Dumolin fue elegido obispo. No se separaron en la persecución, y los detuvieron a los dos juntos. No cedió a amenazas ni tormentos y se mantuvo fiel a Cristo. Lo inmolaron después que al obispo.
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