SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO, obispo y doctor de la Iglesia. Nació en Marianella junto a Nápoles el año 1696. Después de obtener el grado de doctor en ambos derechos y de ejercer la abogacía con gran delicadeza de conciencia, cursó la carrera eclesiástica, se ordenó sacerdote en 1726 y se dedicó a las misiones populares y al confesonario. Entre grandes dificultades fundó en 1732 la Congregación del Santísimo Redentor (Redentoristas), con el fin de dar nuevo aliento a la vida cristiana de los campesinos e iletrados. Además escribió libros de espiritualidad y de teología moral, materia en la que es considerado un verdadero maestro. Entre sus obras hay que destacar la Teología Moral y Las Glorias de María que tanto ha influido en la devoción a la Virgen. En torno al año 1760 fue consagrado obispo de Sant'Agata dei Goti, donde se prodigó a lo largo de trece años en un apostolado fecundo. Después renunció a su obispado y se fue con sus religiosos. Murió en Pagani, cerca de Nápoles, el 1 de agosto de 1787.- Oración: Oh Dios, que suscitas continuamente en tu Iglesia nuevos ejemplos de santidad, concédenos la gracia de imitar en el celo apostólico a tu obispo san Alfonso María de Ligorio, para que podamos compartir en el cielo su misma recompensa. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
SAN EUSEBIO DE VERCELLI. [Murió el 1 de agosto y su memoria se celebra el 2 de agosto]. Nació en Cerdeña (Italia) a principios del siglo IV. Abrazó el estado clerical en Roma y el año 345 fue elegido primer obispo de Vercelli (Piamonte). Con su predicación sobre todo en el medio rural contribuyó a incrementar la religión cristiana y a mantener la fe ortodoxa. Introdujo en su diócesis la vida en común del clero diocesano, iniciativa que luego se extendió por todas partes. Fue perseguido por los arrianos por su defensa y esclarecimiento de la divinidad de Jesucristo. El emperador Constancio lo desterró a Escitópolis a causa de la fe, y allí padeció amenazas, malos tratos, cárcel, hambre y toda clase de vejámenes. El año 361 lo enviaron a Capadocia y luego a la Tebaida. Al regresar a su patria, siguió trabajando denodadamente contra la herejía de Arrio y en la restauración de la fe. Murió en Vercelli el 1 de agosto del año 371.- Oración: Concédenos, Señor, Dios nuestro, imitar la fortaleza de tu obispo san Eusebio de Vercelli al proclamar su fe en la divinidad de tu Hijo, y haz que, perseverando en esa misma fe de la que fue maestro, merezcamos un día participar de la vida divina de Cristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
SAN PEDRO JULIÁN EYMARD. [Murió el 1 de agosto y su memoria se celebra el 2 de agosto]. Nació en La Mure (Francia) el año 1811. Ordenado de sacerdote en 1834 y después de ejercer el ministerio pastoral algunos años en la diócesis de Grenoble, ingresó en la Sociedad de María (Maristas). Pronto se convirtió en el principal colaborador del fundador, el P. Colin. Estando en el santuario mariano de Fourvier en Lyon, tuvo una profunda experiencia espiritual que lo hizo sentirse llamado a fundar una congregación religiosa destinada a fomentar y propagar el culto al Santísimo Sacramento, del que era muy devoto. Dejó su Congregación y fundó otras dos, la de los Presbíteros del Santísimo Sacramento y la de las Siervas del Santísimo Sacramento. Sus sacerdotes se dedicaban a la adoración y apostolado del Santísimo y también a la atención de los pobres de los barrios periféricos de París, así como al cuidado de los sacerdotes que se encontraban en dificultades. Murió el 1 de agosto de 1868 La Mure.- Oración: Oh Dios, que concediste a san Pedro Julián un amor admirable hacia el sagrado misterio del Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, concédenos benigno que merezcamos participar de este divino convite, comprendiendo, como él, su riqueza. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
SANTOS MACABEOS Y SAN ELEAZAR. La Iglesia conmemora hoy la pasión de los siete hermanos macabeos que, en el siglo II antes de Cristo, en Antioquía de Siria, durante el reinado de Antíoco Epífanes, por observar con fidelidad inquebrantable la Ley del Señor, fueron cruelmente asesinados, al igual que su madre, la cual presenció con dolor la muerte de cada uno de sus hijos y con todos ellos alcanzó la victoria de la vida eterna, como se nos refiere en el segundo Libro de los Macabeos. A la vez celebra la memoria de San Eleazar, uno de los escribas más estimados de su tiempo, varón de edad avanzada, que, en la misma persecución, se negó a comer carne prohibida por la Ley y prefirió una muerte gloriosa a una vida ignominiosa, y así precedió de buen grado a los otros en el martirio. Los amigos lo instaban a fingir que comía carne sacrificada a los diosos para así salvar la vida, pero él se negó para no arrastrar con su mal ejemplo a los más jóvenes.