
SANTA JACINTA DE MARISCOTTI. Nació en Vignanello, cerca de Viterbo (Italia), en 1585, de familia noble. Sus padres la enviaron a las clarisas, que pronto abandonó. A los 20 años ingresó en el monasterio de las Franciscanas de la Tercera Orden Regular de Viterbo. Tanto en el siglo como en el claustro llevó una vida ligera y disipada hasta que, a los treinta años y a raíz de una grave enfermedad, se convirtió del todo al Señor. A partir de entonces llevó una vida de gran austeridad y penitencia, y se afanó en obras de caridad; fundó cofradías para la adoración de la Eucaristía y para atender a los pobres, enfermos y ancianos. Dios adornó su intensa oración y contemplación con carismas extraordinarios. Murió en Viterbo el 30 de enero de 1640.- Oración: Oh Dios, que nos has dejado en santa Jacinta un ejemplo vivo de mortificación y amor a ti, concédenos, por su intercesión, reconocer nuestros pecados, llorarlos y permanecer en tu amistad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

SAN MUCIANO MARÍA WIAUX. Nació en Mellet (Bélgica) en 1841. A los 15 años entró en los Hermanos de las Escuelas Cristianas. Pronto empezó su apostolado catequístico y pedagógico en diferentes lugares. Dificultades de tipo profesional, debidas a su falta de habilidad pedagógica, le pusieron en trance de ser despedido; fue destinado a actividades humildes y oscuras tareas más bien modestas. Pidió a los superiores enseñar el catecismo en la escuela gratuita a los niños de la clase popular por los que sintió predilección. Para todos fue un modelo, un signo de la presencia de Dios y de su bondad. Era hombre de oración asidua ante el Sagrario, y el rezo del Rosario era constante en sus labios. Llevó una vida sin especiales sucesos, pero con total profundidad cristiana. Murió en Malonne (Bélgica) el 30 de enero de 1917.
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